Artículos de prensa 2000/2003/2004


LA CLAVE
Publicación 2/8 de julio de 2004

EL MUNDO ILUSORIO DE LAZARO FERRE

Elementos que se superponen dominan su obra

El pintor catalán José Luis Lázaro Ferré muestra su obra

Pictórica en la Galería i Leonarte de Valencia hasta el 14 de Julio.
En los cuadros de Ferré se adivinan formas y configuraciones visuales que se diversifican, se superponen y se repiten para alcanzar un mundo ilusorio pero a la vez real, creando vínculos emocionales y estableciendo una atmósfera poética. Entre los veinte cuadros que se exhiben se encuentran óleos y pasteles como “Barcelona I”, “Barcelona II”, “Vino Blanco” y “Murano”.


CRITICA A LA EXPOSICION DE “LAZARO FERRE”

EN LA GALERIA MARIA SALVAT DE BARCELONA

EL PERIODICO DE CATALUÑA
Del día  21.05.03
Por José M. Cadena

Lázaro Ferré tiene un gran sentido de la composición y utiliza con acierto el dibujo y el color para establecer situaciones en la que los objetos flotan, porque el pensamiento humano es el que establece las jerarquías entre lo más diverso. La inteligencia está en el sombrero, mientras que la pipa y el cigarro representan la gracia de las ideas que crean los estilos y aportan la novedad de cada instante.
Las vanguardias históricas de la pintura están presentes en la obra de Lázaro Ferré. Pero no es epígono de ellas, sino alguien que ha sabido captar lo más importante de cada momento y cambiarlo de manera armónica al hacerlo suyo. Su pintura es limpia de trazo, ordenada dentro de un aparente confusión y estimulante.
Sugiero la visita.


EL PUNTO DE LAS ARTES Viernes 25 de febrero de 2000 
Por Julián H. Miranda

LAZARO FERRE O LA ALEGRIA DE VIVIR

Como a Matisse en su célebre La alegría de vivir, donde el genial pintor francés evocó  una imagen mítica  del mundo tal como querría que fuese, en una especie de edad de oro, en las pinturas de José Luis Lázaro Ferré (Barcelona, 1945) habita una idea de la armonía universal, ya sea en las figuras, bodegones con y sin paisaje, o en esas composiciones algo surreales, con esa disposición clasicista donde logra ese difícil  equilibrio entre lo lírico y los elementos  de la vanguardia que nos retrotraen a Cézanne y, sobre todo, a Picasso. Este pintor catalán estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Jorge, y más tarde amplió sus conocimientos de pintura mural y de grabado. Desde muy joven destacó su habilidad para el dibujo, consiguiendo varios premios de cierto prestigio como el del Ayuntamiento de Barcelona o el XIV Premio de pintura joven de la Sala Parés. Casi todas sus exposiciones individuales de han celebrado en ciudades catalanas, excepto algunas en Málaga, Cuenca, Logroño o Madrid, donde sólo exhibió sus obras en la galería Bética hace 24 años. Lázaro Ferré presenta en la galería Kreisler alrededor de 30 obras, entre óleos y piezas sobre papel, y en ellas vuelve a demostrar esa cálida sencillez en obras como Terraza, al disponer esa maceta  en una mesa, con un fondo espacioso que nos muestra un  mar poético  e  inequívocamente mediterráneo  El café, un pequeño  bodegón con pluma, gafas, pipa, teléfono negro, botella, vaso y quinqué, y ese marco, donde  se rastrea la huella de la figura humana, y lo hace con esa sutileza en el ritmo de grises, que se torna más irónico en Bodegón con matamoscas. Su gusto por la figura humana vuelve a subrayarse en Enamorado I y II, con esa mujer escuchando con una caracola en su oreja y el hombre tocando el chelo con esa musicalidad de los azules que confieren una notable solidez plástica a sus cuerpos, algo que se vuelve a evidenciar en Equilibrista, un óleo sobre papel con una mujer, de aire cubista, puesta en pie sobre un caballo y gracias a esa suave gradación de amarillos que, sin embargo, acentúa el perfil duro de su rostro. Los ritmos musicales, la naturaleza y el sentido de lo humano están presentas en muchas de sus obras como en La Guitarra, el gato y el pájaroAjedrez, violín y  pecesFrutas con violín y Afinado, donde revela una maestría en el modo de usar las ceras con ese violín  sobre una mesa circular como delimitación del espacio. Sus originales paisajes de Sevilla y Sitges, la plasticidad y elegancia de sus Sombreros, algo magrittiano, o la minuciosidad de Mesa con limones, de pincelada suelta para extraer esos amarillos sobre fondo grisáceo, hasta conformar un lenguaje plástico en el que late una gran coherencia estilística.